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INCLUSIÓN EDUCATIVA

Nuevos paradigmas de la educación: La inclusión educativa.

TODO CUANTO pueda relacionarse con la formación, educación e instrucción de las personas que padecen algún tipo de discapacidad, el proceso de conocimiento y las formas como se expresa desde las perspectivas del pensamiento, igual que los modelos y esquemas que lo exteriorizan, no pueden ser tratados o administrados como dogmas o verdades absolutas que nos indican o sugieren la idea de que los tales, de un u otro modo, no hacen otra cosa que expresar acciones y actitudes propias del desprecio, la discriminación, la exclusión o la obstrucción del tan necesario proceso de enseñanza aprendizaje para estos congéneres que tienen los mismos derechos y oportunidades que ostentamos cada uno de nosotros.

Por ello, expresamos que la conciencia individual y la social deben estar siempre abiertas a toda posibilidad concreta para el cambio y el desarrollo. Sin embargo, el proceso que trasunta hacia enfoques y paradigmas que den cuenta de una recreación o apertura de una nueva metodología que dignifique al ser humano, en el sentido en que lo señalaba Antonio Gramsci, es decir, de ubicarlo e instalarlo en la historia, en la dimensión de la cultura, no siempre resulta entendido ni comprendido, sobre todo, por ciertas profesiones que en la sociedad se articulan a la superestructura de la misma, básicamente aquellas vinculadas al proceso de formación profesional, a la siembra de ideas y de mensajes, y cuya ideología tiene como función paradigmática la de reproducir siempre lo mismo. Y de allí devienen, primero, su carácter conservador -verbigracia los profesionales del derecho y la educación- y, segundo, tenemos un conjunto de personas -maestros y profesores, entre otros- que se resisten a toda posibilidad de cambios en los paradigmas en los que ellos actúan.

Con mucho ímpetu se viene abordando el tema de los discapacitados y la educación inclusiva. Ello entraña un nuevo enfoque pedagógico que ubica al educando en el contexto de un universo mucho más amplio, de experiencia colectiva y de relaciones sociales que le propician un ambiente de plena reciprocidad. No se trata, obviamente, de eliminar o suprimir las formas curriculares que tienen que ver con los modelos de aprendizaje -pero, se impone su revisión-, sino de ubicar éstos en un contexto y ambiente de plena horizontalidad entre los educandos y los discapacitados, de tal suerte que se construyan relaciones en el plano del respeto y estima de la dignidad humana.

Hecho por:Gustavo Silva Navarro
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